Que nuestra identidad sea más que el conflicto

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Eitan Dukes
Al salir del colegio y alejarme un poco de la tnuá en el marco del programa de shnat hajshará, me empecé a cuestionar algo que muchas veces damos por obvio y no lo es ¿Qué define nuestra identidad judía en la diáspora? ¿qué nos hace identificarnos como judíos y querer ser parte de este pueblo?
Basándome en mi educación académica y tnuatí, noté que se me fue inculcando la idea de que nuestra identidad judía puede ser concebida desde distintas dimensiones: religiosa, cultural y nacional. Sin embargo, es evidente como en los últimos años el Estado de Israel se ha establecido innegablemente como el referente central de la identidad judía de los judíos del mundo, motivando a éstos a tomar acciones para demostrar su apoyo casi incondicional a este país.
Los judíos de la diáspora, por tanto, no conciben a Israel como un país cualquiera, lo ven más como un refugio, una “pseudo-utopía” que existe para nuestra contención y apoyo. Es donde podemos ir ante un eventual problema en nuestro país, concepto que se explica por el trauma histórico de nuestro pueblo, ese miedo de volver a ser esos “judíos errantes”, expulsados de sus países y sin tener a donde ir.
Este lazo afectivo de los judíos diaspóricos con Israel deriva en una doble nacionalidad y en un sello en nuestra identidad judía. Por esto, hoy en día no se puede entender el judaísmo sin tener como referente máximo Israel y se nos hace imposible pensar en aquellos judíos que mantenían su judaísmo sin la existencia de este Estado hace poco más de 70 años.
El judío de la diáspora necesita de Israel para sentirse judío y esto se manifiesta en la necesidad de apoyarlo dentro de lo posible, ya que se da por entendido que quien no apoya a Israel, simplemente no es judío. Que no se malentienda, el apoyo a Israel no dice relación con la defensa incondicional de las acciones de su gobierno, sino que hace referencia a la validación de su existencia y de su importancia para el pueblo.
¿Cómo apoyamos a Israel hoy en día? El conflicto palestino-israelí se ha tomado la agenda de la diáspora, se ha convertido en la herramienta virtual del apoyo a Israel. Es así como el “defender a Israel” ya sea en redes sociales, conversaciones o con la tan conocida hasbará, se ha vuelto hoy la única forma de ayudar a Israel y de fortalecer la identidad judía de muchos.
En la diáspora, Israel se suele reducir al conflicto. Israel es el conflicto, en Israel se vive el conflicto y para apoyar a Israel, hay que tomar acciones respecto al conflicto. La izquierda y derecha israelí también han sido víctimas de esta simplificación. “El de derecha quiere paz por paz, el de izquierda quiere paz por tierra. El de derecha no cree en la solución de dos estados para dos pueblos, el de izquierda sí. El de derecha apoya la construcción de asentamientos en Cisjordania, el de izquierda no”. La cosa no es tan simple, hay israelíes de derecha que no apoyan la construcción de asentamientos tal como hay israelíes de izquierda que no creen en la solución de dos estados. No podemos limitarnos a pensar que el conflicto es el único problema de Israel ni que es éste el que define la división política israelí. Al israelí también le afectan problemas presentes en nuestro día a día como educación, salud, transporte, vivienda, economía, seguridad, inmigración, etc. y para identificarse con un sector político no se reduce a pensar en el conflicto.
Llegué a Israel hace tan solo cuatro meses, y en estos me di cuenta de lo compleja que es la sociedad israelí. Recuerdo que al comienzo me sorprendí, y me pregunté ¿Qué es Israel? Israel es el conflicto, sí. Pero también es política, es economía, es activismo y conciencia social, es ayuda a los inmigrantes y discapacitados, es “Start-up nation”, es criticar, es reflexionar, es periferia, es ese judío que vive en un kibutz, es ese beduino que vive en el desierto, es ese druso que vive en el norte, es esa mujer que reclama por equidad de derechos en el Kotel, es ese judío mesiánico, es ese ciudadano árabe, es el shuk, es arte, es cultura, es la tzavá, es las tnuot noar, es la educación a la coexistencia, es diversidad y heterogeneidad, es variedad de culturas y es el apoyo de la diáspora.
No seamos ingenuos, el conflicto nos afecta más que cualquier otro aspecto en la diáspora, en especial en Chile, pero entendamos que podemos ayudar a Israel también en otras áreas y no reduzcamos la complejidad de Israel a este problema. En definitiva, apoyar a Israel no significa necesariamente tomar acciones respecto al conflicto palestino-israelí, hacer hasbará, educar sobre el mismo, defenderte en la universidad y ser activo en las redes sociales. Reconozco sin duda la importancia de estas actividades ahora más que nunca, pero no debemos limitarnos a estas. Si dejamos que el conflicto defina nuestra identidad, cuando llegue la tan anhelada paz no tendremos nada con lo que identificarnos.
No quiero en ningún caso que se mire en menos este enfrentamiento, ha sido y sigue siendo un problema devastador tanto para israelíes como para palestinos, ha dejado miles de muertos y heridos, ha desarmado familias y ha impactado fuertemente en comunidades de todo el mundo. Solo creo que debemos tener siempre en cuenta que nuestro apoyo y afecto hacia Israel no tiene sus bases en el este problema, sino en una relación histórica y religiosa con esta tierra. Permitamos que nuestra identidad recaiga en otros elementos y que no se limite al conflicto.
No podemos importar esta lucha a nuestros países, no dejemos que nuestros ideales nos cieguen. No tiene sentido que un conflicto que se vive en Israel esté tomando tanta fuerza en las comunidades de Chile. No puede ser que en nuestro país se viva con más fuerza que en Israel.
Por esto, hago un llamado a la comunidad judía y palestina de Chile a demostrar unión y apoyo para nuestros pueblos. Seamos un ejemplo de coexistencia, demostremos a 13.000 kilómetros de distancia que se puede. Se puede convivir en vez de solo tolerar, se puede vivir en paz en vez de guerra y se puede dialogar en vez de boicotear. Seamos un ejemplo.
Eitan Dukes
Ex alumno Instituto Hebreo, Madrij de Shnat Hajshará

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